El desafío de la clase media

Nuestra Nicaragua al igual que la mayoría de países centroamericanos, no ha tenido históricamente una importante migración de cerebros procedentes de Europa, como lo ha tenido Estados Unidos, Canadá  y lo países del Cono Sur de América, cuyo esfuerzo y trabajo ha dado como resultado en las siguientes generaciones, la existencia de un capital humano amplio y tendido en los distintos campos de la producción y la cultura, que constituye actualmente en esos países, la poderosa clase media y representa su verdadera riqueza, pues su capacidad de trabajo y conocimiento significa para esas naciones el mayor potencial de desarrollo, ya que esa base social alfabetizada y tecnificada, con una cultura de objetivos, disciplina, esfuerzo y ahorro, forman inclusive hasta hoy la columna vertebral de su futuro.

Por el contrario, por causas de nuestra inestable vida política, cuya secuencia casi ininterrumpida de golpes y cuartelazos a lo largo de nuestra vida política independiente, ha hecho que a pesar de lo colorido, cálido y atractivo de nuestro suelo patrio, que los mejores hijos de Nicaragua y buenas familias extranjeras asentadas en nuestro suelo con el ánimo de permanecer, después de haber sido sometidos a persecuciones, confiscaciones y torturas como producto de las ambiciones de poder por el hombre de turno, han abandonado continua o periódicamente el país. Esto no ha permitido el desarrollo económico, honesto y pacífico de grupos de ciudadanos capaces y laboriosos, que se coloquen como capa intermedia entre la minoría rural rústica y arrogante poseedora tradicional de la tierra con vocación de dictadura, que también controla la banca e industria, y las grandes mayorías de población mestizas y analfabetas, siempre víctimas de los atropellos y soldados inevitables mutilados o muertos en los conflictos personales que se transforman siempre en guerra civil, disfrazándose de partidos o ideologías.

Durante el período sandinista de los años ochenta el sentido de clase media fue también combatido y señalado como contrarrevolucionario y con vicios de pequeño burgués, quien renegando de su origen y desconociendo el valor de lo que el trabajo significa, aplastó por diez años toda libre iniciativa personal, económica, productiva o comercial, con una filosofía de vanguardia mentirosa e irreal, situando al técnico, comerciante, profesional o mediano agricultor, en la picota de los enemigos de la revolución, estrangulando así toda esperanza de desarrollo y creando en el pequeño grupo permitido hasta entonces creciente del gobierno anterior, al igual que los viejos capitalistas, el temor insuperable y el deseo de emigrar por miles a los países vecinos, dejando vacío una vez más el espacio entre los poderosos con el control político y económico y la gran población ignorante e indefensa sin capacidad de análisis para imaginar con previsión lo que le esperaba y sin capacidad técnica de trabajo para levantar la economía nacional y evitar lo que pasó, creyendo que nunca llegaría la distribución de la miseria.

El comienzo de los años noventa marcó nuevamente la marcha de la rueda del cambio, donde se obtuvo como avance una democracia formal y electoral, pero se retrocedió en los mecanismos de poder que se sintieron como un largo y cansado período en que Nicaragua fue administrada como una hacienda, en cuya casa principal se hacían sin asco ni escrúpulo las más extrañas y peligrosas componendas, excluyendo tanto amigos como aliados y se repartieron el poder y las flacas riquezas, en un grosero festín con desdén y arrogancia, entre patronos armados y electos, sin siquiera pensar en la responsabilidad adquirida hacia aquellos que sin decirlo consideran la gran peonada ilusa y  votante, empobrecida y desangrada, que miraba con ojos hundidos hacia la casa-hacienda, con la esperanza de recibir un mensaje honesto de paz o un pedazo de pan.

La puesta en práctica de un nuevo proyecto liberal, a pesar de las errores que forman parte de los naturales tropiezos del progreso, las amenazas de un capitalismo salvaje que pone en jaque la libre y personal iniciativa económica del profesional, productor o comerciante del juego económico nacional, es un nuevo desafío a la sobrevivencia y desarrollo de la raquítica nueva clase media nicaragüense, que por su trabajo, talento y creatividad, debe formar parte del actual enfoque social y político, cuya sola existencia representa un punto básico en la filosofía liberal de cualquier Gobierno, pero que para ser tomada en cuenta en el proceso de cambio, debe demostrar no solo eficiencia y laboriosidad, sino una eficaz capacidad de organización y conciencia de grupo, de manera que sus necesidades colectivamente planteadas, sean claramente escuchadas y atendidas, de forma que se devuelva a ese grupo social por su capacidad de consumo, esfuerzo e inteligencia, los derechos que los otros gobiernos por distintos intereses le han negado y se reconozca sin reservas a través de un verdadero apoyo su importante potencial en el desarrollo de la nación.

Es indudable que vivimos nuevos tiempos, difíciles es cierto, pero en fechas y momentos políticos históricos donde se abren para los nicaragüenses nuevos horizontes y oportunidades, pues debemos darnos cuenta que no solo vivimos hacia dentro con nuestros viejos problemas, sino que nuestra geografía que nos hace tierra de unión entre las Américas, nos impone conocer y usar el nuevo conocimiento de la técnica, la energía y la comunicación, que solo puede impulsar a una nueva clase media trabajadora, estudiosa y disciplinada que realizará su objetivo y tendrá su propio proyecto de cambio, en la medida en que pueda reclamar con habilidad y eficacia su derecho y pueda responder oportuna y adecuadamente con su trabajo e inteligencia a las necesidades fundamentales de las grandes mayorías.


Dr. Roger Guevara Mena

Catedrático de Derecho Internacional / Ex – Embajador de Nicaragua en Venezuela

Colaborador Dirección de Estudios Económicos & Sociales Polimates

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