Fuentes ideológicas del neoliberalismo: una breve aproximación

El neoliberalismo es una concepción que por efectos de un trastrueque conceptual ha adquirido dos acepciones. En Estados Unidos, por ejemplo, neoliberalismo significa ser partidario de un gobierno activista, intervencionista que expande su participación y su responsabilidad en la economía. En el resto del mundo esta posición se identifica con el socialismo. De tal manera que la oposición tradicional entre socialistas y liberales que se produce en el resto del mundo, en Estados Unidos es una oposición entre liberales y conservadores.

El origen de este trastrueque se remonta a los años 30’s del siglo pasado en virtud que la palabra socialista nunca fue popular en Estados Unidos, el liberalismo por el contrario era un concepto prestigioso. De aquí que, al defender la política socialista del New Deal, Franklin Delano Roosevelt no la quisiera calificar como tal y prefiriera decir que era liberal.

Una vez aclarado este trastrueque conceptual, intentaremos arribar a lo que se consideran las fuentes ideológicas del neoliberalismo.

El utilitarismo mercantil es una concepción del economista inglés Jeremy Bentham (1748-1832).

Mi noción de hombre -dice Bentham- es la de un ser que anhela la felicidad, tanto en el éxito como en el fracaso.

Según Bentham, J. (1965 – 1966), es el espíritu de auto preferencia, es decir, la naturaleza individualista y egocéntrica como propensión de la naturaleza humana, por lo cual con motivo de cada acto que ejecuta todo ser humano se ve inclinado a seguir la línea de conducta que sea coherente con su propia felicidad máxima. De acuerdo a esta filosofía económica, el efecto que puedan tener las acciones egoístas de los agentes individuales, sobre otros seres humanos no tienen relevancia porque lo que prima es el interés individual y no el colectivo.

En términos más claros, para Bentham la sociedad es un cuerpo ficticio compuesto por individuos y el objetivo central es la felicidad definida en términos de expectativas sobre relaciones entre placeres y penas generadas por las acciones. Como podemos observar la interpretación Benthamiana de la sociedad era en extremo individualista, el niega todo vínculo social y de los sistemas sociales y la reduce a los individuos y sus acciones.

Margaret Thatcher bajo esta influencia llegó a declarar que “no existía la sociedad,  sólo los individuos”, por eso no es una contingencia que la filosofía utilitarista, individualista y monetarista  tuvieron presentes en cada decisión de la denominada “Perestroika británica”[1] consagrada y defendida por el capital pero odiada por los sindicatos y las clases más bajas del reino unido..      

La única causa eficiente de la acción es el interés (Núñez, 2006). Únicamente por un sentido de interés, por la eventual expectativa de placer o dolor, es como puede ser influida la conducta humana, ¿pero cuál es el laboratorio donde el hombre en su laberinto puede experimentar placer o dolor? Evidentemente ese laboratorio es el mercado.

Nada puede existir al margen del mercado; los derechos humanos formales, sociales y colectivos son válidos en el marco de la libre competencia, dentro de la cual el hombre construye su éxito o edifica su fracaso. 

Desde esta lógica pragmática y mercantilista el valor del ser humano se determina por su dinámica y destreza para sobrevivir en un ambiente en el que el mercado valida o rechaza su existencia en correspondencia con la utilidad que este proporciona al mercado.

De acuerdo a Araujo (2008), si pudiéramos resumir la construcción filosófica Benthamesca diríamos que ella estriba en tres grandes preposiciones que articulan en un solo sistema, la primera es que los seres humanos están dominados por dos señores soberanos: el  placer y el dolor. Al trono de esos dos señores está vinculada, por una parte, la norma que distingue lo que es recto de lo que es errado y, por otra, la cadena de las causas y de los efectos.

La segunda es la preposición de utilidad  que se deriva de la anterior; la utilidad es para Bentham el principio que establece la mayor felicidad de todos aquellos cuyo interés está en juego como la justa y adecuada finalidad de la acción humana, y hasta la única finalidad justa, adecuada y universalmente deseable.

Y por último la preposición de que; aquellos cuyo interés está en juego siempre componen una comunidad ficticia pero esta comunidad es simple agregación de individualidades. De tal manera que el interés de esa comunidad es la suma o el agregado de los intereses de cada individuo actuando de manera utilitarista y regulada por el placer y el dolor.  

La segunda fuente de inspiración del Neoliberalismo Global la encontramos en el cura Thomas Robert Malthus (1766-1834). En su plan propuesto para la supresión de las leyes de beneficencia, señala que por justicia y honor se debía rechazar todo derecho de los pobres a que se les mantenga. Asimismo consideraba que el matrimonio entre pobres era un acto absurdo por cuanto sin tener la seguridad de poder mantener a los hijos se convertía en un acto inmoral.

Malthus con la razón práctica del terrorista de estado comprende que el trabajo de acabar con los inmorales (los pobres), debe encargarse a lo que demagógicamente entiende por leyes de la naturaleza. Deberá, pues dejársele (al pobre), al castigo impuesto por la naturaleza, debe negársele todo socorro parroquial y debe abandonársele al socorro inseguro de la caridad privada (Dieterich, 1999). Evidentemente esas leyes naturales se encargarán de depurar a la especie humana conservándose los más aptos y exterminándose a los menos inteligentes.

La tercera fuente ideológica del neoliberalismo germina a partir de la proposición darwiniana según la cual “la lucha en la selección natural ha hecho y hace más por el progreso de la civilización de lo que otros parecen inclinados a admitir”…. ¿qué numero inacabable de razas inferiores habrán sido eliminadas, por razas más civilizadas en todo el mundo?” (Ramírez, 2007).

Dentro de los promotores más importantes de semejante interpretación destacan dos personajes: William Graham Sumner, de los EEUU, y el economista austriaco Friedrich A Von Hayek. Para el primero, la aplicación de la libre competencia en su forma más brutal es el mecanismo de selección más eficiente en la naturaleza y en la sociedad para que los más aptos lleguen a regir los destinos de la sociedad.

En tanto que para el segundo, el mercado, la competencia y la desigualdad son los motores sobre los cuales se sustenta el desarrollo del sistema económico.

En el mismo orden de cosas, Hayek en su interpretación darwiniana del sistema de mercado sugiere que la justeza social es ridícula como ridícula es la lucha por la igualdad. Si en Smith hay una moralidad funcional al mercado, esto significa que tal moralidad hace posible al mercado y, a su vez, ella es posible porque existe el mercado (Gómez, R, 2003).

En Hayek tenemos exactamente lo mismo pero la moralidad del mercado es legitimada por un proceso evolucionista, que desemboca en esa moralidad. Tal moralidad funcional al mercado pone a la tradición como premisa suprema a respetar. Es una moralidad natural por ser resultado espontaneo de procesos de selección evolutiva.

En el mismo orden, Hayek argumenta que la moralidad y sus normas no expresan ninguna naturaleza humana, no son características esenciales del ser humano. Tales normas morales son resultado de un desarrollo contingente histórico-natural.

Este desarrollo natural nos ha traído el orden de libertad, esta libertad auténtica se manifiesta de forma suprema en el mercado, ello nos ha permitido mayor progreso económico, mejoría social, ascenso social, etc.

Nada como la sociedad de libre mercado permite el florecimiento cultural. El mercado nos permite dice Hayek mejorar a todo nivel: social, económico, cultural. Estamos en un situación que nos permite ser mejores que cualquier otro sistema alternativo.

Es claro que la adherencia hayekiana a los poderes del mercado son fundamentalistas y cuasi – religioso. La moralidad del mercado va más allá del bien y el mal. Ningún individuo debe juzgar la moralidad del mercado. Así como un creyente cristiano no puede juzgar a dios  ni su miseria lo debe conducir a perder su fe, del mismo modo, la miseria de cada uno en el mercado no debe llevar a persona alguna a perder la fe en el mercado.

[1] Termino muy divulgado en Rusia e Inglaterra en los años 80 del siglo XX y que significa “renovación” o “restauración” y que intentaba establecer un paralelismo entre el programa neoliberal desarrollado por Margaret Thatcher en Gran Bretaña  y las transformaciones lideradas por Mijaíl Gorbachov en la Ex Unión Soviética.

Lista de Referencias: 

Bentham, J. (1965 – 1966). La Filosofía de la Ciencia EconómicaLa Psicología del Hombre Económico. Londres: The Royal Economic Society de George Allen & Unwin Ltd.

Dieterich, H. (1999), El nuevo proyecto Histórico: Fin del capitalismo global. Editorial Ixalaporta S.I México D.F.

Ramírez, S. (2007). Tambor olvidado. Editorial Aguilar, D.R @ De esta edición: Santillana de Costa Rica, S.A. Pág.- 21.

Núñez, T. (2006). Ciencia Social: Según los principios de Bentham. Universidad de Salamanca.

Gómez, R (2003), Neoliberalismo  Globalizado Refutación y debacle. EDICIONES MACCHI, córdoba 2015. 

Cícero, A. (2008), Bentham: el utilitarismo y la Filosofía política moderna.


Dr. Israel E. Benavides Cerros, Ph.D.

Economista & Administrador

Profesor – Investigador Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI)  

Colaborador Dirección de Estudios Económicos & Sociales Polimates

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