Sobre la violencia sociopolítica en Nicaragua

Al amigo David Alfredo Sánchez

“La Revolución es la madre que puede llevar al triunfo a sus hijos, pero también es la madre que, como Saturno, los devora”

¡La historia de Nicaragua se ha escrito con sangre! Nuestros ancestros han tenido que luchar con admirable denuedo y coraje contra amenazas externas movidas por perversas intenciones de conquista, colonización e imperialismo. Desde la resistencia de nuestros antepasados indígenas contra los conquistadores españoles y toda clase de aventureros europeos, hasta la Guerra Nacional y las intervenciones norteamericanas, no es sino el resumen de la historia de horror que la patria nicaragüense ha vivido por las agresiones foráneas. Pero más lamentable es que el mismo pueblo nicaragüense en distintas etapas de su historia se ha visto obligado por la fuerza de las circunstancias a desencadenar violentas luchas intestinas cuyo fin ultérrimo ha sido el poder.

Son los golpes de Estado, las guerras civiles y las revoluciones sangrientas, que igualan en crueldad al fratricidio de Caín sobre Abel o al de Rómulo sobre Remo, lo que ha marcado el acontecer sociopolítico nicaragüense. Es como si en la conciencia colectiva del nicaragüense se gestara el anti-nicaragüense. Nicaragua confirma la tesis de que las revoluciones surgen de sociedades altamente conflictivas que no encuentran otra alternativa de equilibrar las contradicciones en su seno, puesto que los intereses pesan más que las razones. A juzgar por la filosofía de la historia, nuestros acontecimientos han sido la sucesión de causas y efectos con la misma consecuencia: la violencia engendra violencia. Debemos admitir como pueblo nuestro espíritu conflictivo al margen de las prédicas altruistas y reconciliadoras de Jesús de Nazareth Mahatma Gandhi ya que, tristemente, la violencia ha sido la partera de nuestra historia. Encarnamos el título de aquella obra del poeta inglés Richard Aldington: Todos los hombres son enemigos”.

¿Cómo salir de la espiral de violencia sociopolítica?; ¿qué lecciones tenemos que aprender de los procesos revolucionarios? Mao Tse Tung, el controvertido líder de la China Comunista, advirtió que lo más difícil no era derrumbar el mundo viejo, sino construir uno nuevo. Nicaragua, que a través de su historia ha sido presa del caudillismo, del militarismo, del autoritarismo, del sectarismo y del totalitarismo, no pareciera avizorar horizontes de grandeza, puesto que las asechanzas de fuerzas terribles y retrógradas siempre nublan el camino hacia una nación más culta, más próspera, más civilizada. No podremos elevarnos a la conciencia de nuestro propio destino mientras el culto a lo heroico en la historia, del que tanto escribió Tomas Carlyle, degenere en Nicaragua en el culto a la violencia en la historia.

Las insurrecciones armadas en Nicaragua, como muchas vistas en la historia universal, han hecho destacar lo más heroico del ser humano, pero obscurecido por una suerte de “efecto sombra” que también ha hecho brotar lo más abyecto. La lógica dialéctica de que toda cosa tiende a transformarse en su contrario se ha cumplido en nosotros: lo heroico, lo romántico, lo místico y lo liberador ha tendido a transformarse en lo vil, lo interesado, lo malvado y lo opresivo. V. I. Lenin, el “ajedrecista” de la política soviética, acertó al pensar que las revoluciones surgen de sociedades descompuestas y para nada constituyen gobiernos ideales puesto que dirigen en condiciones de alta tensión, generándose nuevas contradicciones que hay que afrontar con constante estudio, pensamiento y acción. Cuando el monstruo de la guerra reaparece sin opción al consenso y la razón, el costo de la mortandad, la destrucción y la fragmentación social es inestimable. Las consecuencias de la guerra repercuten por decenas de años.

Ya escribió Rubén Darío –en sus ensayos políticos– que en nuestro país las causas nobles se “cerdifican”. En esto, como en otras cosas, tuvo razón nuestro clarividente pensador literario. Se ha constatado que el verdugo de ideales puede ser el mismo que los pregona y el peor enemigo de una revolución social es el burgués que hay dentro de cada revolucionario. También se han disfrazado de ideales lo que en realidad han sido funestos intereses y depredadoras ambiciones. Sólo hemos podido salir adelante por la romántica convicción inspirada por el citado Darío que dice “nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria, nuestra tierra está hecha para la humanidad”.

¿Sabremos los nicaragüenses a estas alturas el significado de aquel pensamiento tan sabio que relampagueó en los tiempos de la Revolución Francesa de 1789, el cual dice todo proceso revolucionario lleva al triunfo a sus hijos, pero también, como Saturno, los devora?; ¿habremos identificado que en los episodios de violencia sociopolítica ha sido una constante que mientras unos perecen otros se enriquecen?; ¿han pagado los traidores de grandes ideales y nobles sentimientos por sus incontables muertes y daños?; ¿seguirán siendo los políticos pinoleros cabezas de un mismo monstruo?; o, en cambio, ¿estamos cerca de un cambio de generación con una nueva filosofía política y social que eleve a sus máximos principios de acción la razón, la paz, el entendimiento, la integridad, la cultura y el desarrollo? Está por verse.

Ciertamente estamos lejos todavía de la previsión de Platón cuando escribió en tono sentencioso que las repúblicas serían felices si gobernasen los filósofos o filosofasen los gobernantes. Los hombres de sabiduría por regla general no suelen tomar el poder y desafortunadamente la Naturaleza en sus eventos indescifrables no cosecha con frecuencia líderes de la casta de Gandhi, Mandela o Mujica. No obstante, es indispensable retroalimentarnos de nuestro inventario de experiencias revolucionarias, con mente fría y corazón ardiente, para dar el gran viraje en nuestro destino y no deambular en los caminos de servidumbre. 


 

Lic. Marco Aurelio Peña Morales 

Miembro del Área de Humanidades & Ciencias Sociales Polimates

marcoaurelio@polimates.org 

@MarcoAureli2012

 

2 Comments

  1. larry mairena dice:

    me gusta mucho el tema, debido que la juventud que estamos siendo la de los 90, hijos de una libertad, hijo de la sangre que nuestros familiares tuvieron que sacrificar, que vemos el reflejo en la actualidad de la revolución que termina siendo dolor y daños psicológicos q aun sufrimos, y sin dudar fue la mejor desicion que el pueblo pudo haber tomado, lastima que grandioso tema fuese politisado ya que vivimos en una nicargua polarisada que al final viendo el ejemplo de mexico con maquillaje de libertad politica, sabiendo que estamos relativamente mejor y se ven cambios, y con poca ayuda para mejorar ralmente de una opiociocon que quiere cambiar todo lo antes posible. la historia de la guerra nos dejo mucho 30 y tantos años despues, como dijo arturo cruz una vez los cambios radicales no dejan nada, como opocicon deben de saber que el cambio real estaria mejor en conjunto con el gobierno, que seria algo bueno para los ciudadanos hacer precion politica real ayudando a cambiar nicaraga para bien. si este tema fuese abordado con mayor libertad de pensamiento no buscar culpables, sin no acepar lo q sufrieron los demás o nosotros mismos, seria un tema muy debatible a todo nivel social

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Show Buttons
Hide Buttons