Sócrates: el hombre que prefirió sabiduría y no riquezas

Palabras liminares

En esta oportunidad me daré a la tarea de divulgar a grosso modo la vida de uno de los filósofos más influyentes de la historia: Sócrates. Acá no pretendo abarcar lo mucho en lo poco, más bien lo poco que he escrito sea de mucho provecho para los estimados lectores. Este trabajo lo intitulé Socrates: el hombre que prefirió sabiduría y no riquezas* y se me ocurrió al haber leído en la Apología de Sócrates de Platón que el mismo Sócrates en su discurso de defensa afirmó ante sus juzgadores que su pobreza era prueba genuina de su propósito de vida. No era para menos, todo indica que el filósofo dedicó los mejores días de su vida a la sabiduría y la educación en detrimento de su bienestar material. De los escritos sobre nuestro personaje se deja claro que en lugar de dinero, poder y riquezas, el filósofo prefirió amigos, virtud y sabiduría. Sin más que decir acá, echemos un vistazo a su vida y obra.

Generalidades 

En un lugar llamado Alopeca, en los confines de Atenas, Grecia, una mujer llamada Fenareta, que tenía por oficio ser partera o comadrona, trajo al mundo a Sócrates (entre el 470 AE** y el 469 AE). Su padre, Sofronisco, fue cantero. Es curioso que este filósofo que llegó a convertirse en símbolo del genio de su civilización no nació en el seno de la clase aristocrática ni de la clase guerrera sino de la clase trabajadora ateniense. Los hurgadores de su vida no sabemos lo que quisiéramos sobre la biografía del célebre filósofo, menos de los detalles de su niñez y juventud, lo que se maneja es que de joven pudo haber heredado el oficio de su padre y dominar la escultura inclusive. Así pues, podemos quedarnos con la idea de que el gran pensador de joven se ganaba la vida moldeando bellas formas con sus manos.

Dicen que mostró un talento extraordinario desde temprano, por lo que Critón, amigo opulento, pudo haberlo ayudado en su educación. Junto a Pericles fue discípulo de Anaxágoras; aunque también pudo haber sido discípulo del filósofo Arquelao, llamado “el físico”. Posteriormente, Sócrates fundaría la filosofía moral  como marca personal y original al no seguir la tradición de sus predecesores que se orientaron  exclusivamente a la especulación de la naturaleza.

De ojos saltones, figura achaparrada, nariz respingona y labios gruesos, el amigo de la sabiduría concurría por las plazas públicas de la ciudad ateniense entrevistándose con quien fuese para acrecentar su sabiduría personal y la de sus seguidores. Capturó la atención de la juventud y fueron “épicos y líricos” sus encuentros con los sofistas y demás pseudosabios del momento.  Tuvo relación social con el ilustre Pericles, uno de los más grandes estadistas de la historia, sobre lo cual se cuenta que en cierta ocasión Sócrates le pidió a Pericles un lugar para vivir. Éste le ofreció vastos terrenos para tal fin y el filósofo reaccionó diciéndole: 

“Si yo te pidiese un par de sandalias, acaso me darías todo el cuero para que las hiciera”.

Nuestro personaje tuvo participación en las batallas de Amfípolis y Potidea con el propósito de defender su patria, lo que equivale hoy en día a prestar servicio militar. Por corto lapso fue pritano o pritane, una magistratura de la antigua democracia ateniense. Sin embargo, una situación que exigía que Sócrates consintiera la ejecución de un ciudadano y de la cual no tomó parte por deliberarla injusta, hizo que nunca más retomara el oficio de las armas ni buscara ocupar un sólo cargo público por el resto de su vida. Vivió en condiciones económicas difíciles y muchas veces fue auxiliado por amigos y discípulos. El filósofo tuvo por esposa a Jantipa, quien le tuvo 3 hijos; aunque también se dice que tuvo otra esposa de nombre Mirto, menos conocida por la Historia, según lo permitían las leyes. Ninguno de sus hijos trascendió como el padre.

El método mayéutico 

El filósofo alopacense hizo su aportación a lo que más adelante se le denominaría Lógica, con la aplicación del ahora conocido método mayéutico. La palabra “mayéutica” semànticamente significa “parir” o “dar a luz” (dato curioso si se retoma el hecho de que la mamá del sabio fue partera). Con el propósito de obtener conclusiones válidas, o mejor dicho, alcanzar la verdad de las cosas, Sócrates sometía a sus entrevistados a una serie de preguntas y razonamientos en dependencia de las respuestas que le proferían. Las contradicciones en las respuestas y argumentos de sus interlocutores estimulaba nuevas preguntas y razonamientos. 

El filósofo estaba convencido de que podía descubrirse la verdad en virtud del diálogo más o menos extenso. En otras palabras, Sócrates se esforzaba por “sacar a luz” la verdad que pensaba yacía oculta en cada una de las personas entrevistadas. Su método ayudaba a que las personas se conocieran a sí mismas, de modo que, conociéndose a sí mismas conocían su universo. Más de una vez él mismo debió corregirse en sus argumentaciones y se formuló paradojas difíciles de resolver. Por cierto, fue un verdadero maestro de la oratoria. Este método es aún estudiado y aplicado en muchas universidades de renombre del mundo.

“Yo sólo sé que no sé nada”

Al ser consultado el famosísimo Oráculo de Delfos sobre quién era el más sabio de todos, el sacerdote, interpretando la voluntad divina, dijo que Sócrates era el más sabio entre los hombres, más o menos con las siguientes palabras:

“Mortales, el más sabio es aquel que dice, cual Sócrates, no saber nada de lo que sabe”.

Sócrates no creyó tal afirmación del dios y emprendió buscar a quien era en realidad el hombre más sabio. Se entrevistó con estadistas, oradores, músicos, poetas, artesanos, y toda clase de varones ilustres. Se dio cuenta que todos presumían ser sabios sin serlo porque todos ignoraban algo al mismo tiempo; todos ignoraban la raíz de su propia ignorancia: creer saberlo todo (cuando sabían poco o nada). Llegó a la conclusión que lo dicho por el sacerdote del Oráculo de Delfos tenía razón y ciertamente él mismo era el más sabio por admitir simple y sencillamente que no lo era. Ser consciente de su propia ignorancia lo hizo más sabio que los que se vanagloriaban de serlo.

Filósofo sociopolítico

Sócrates fue un filósofo preocupado por mejorar al ser humano como ente sociopolítico. Uno de sus proyectos personales fue educar dentro de lo bueno, lo justo y lo verdadero a un político hábil pero inmoral que se llamó Alcibíades (de quien se pensó alcanzaría una gloria semejante a la lograda por Pericles). Platón cuenta que Sócrates lo buscó para que disertaran sobre lo que debería ser un político como persona ecuánime y líder de un pueblo. En el hermoso diálogo Alcibíades, Sócrates en su admirable discurso sobre lo justo y lo útil concluye que:

“El hombre es su alma y es de su alma por lo que debe preocuparse por cultivar.”

Es decir, el político debe cultivar su alma si busca conducir al pueblo con virtud. Al final del diálogo, Alcibíades –prototipo del político audaz y seductor de pueblos– consintió con ligereza que había entendido todo cuanto había dialogado con el filósofo (quizás para quitárselo de encima como un alumno acosado por su padre o por el profesor). Sócrates advirtió la actitud ambigua del político y le manifestó el temor de que no se volviesen a ver ya que la relación entre ambos podía verse interrumpida por las poderosas fuerzas atenienses que mediaban entre los dos. Tiempo después el irredento Alcibíades terminó siendo acusado de traidor y murió asesinado en el exilio.

Juicio contra Sócrates

Probablemente esas poderosas fuerzas de las que mencionó Sócrates en el diálogo Alcibíades fueron las que conjuraron contra él mismo. Un día de tantos, en su edad senil, el sabio que caminaba entrevistándose con todo el mundo para encontrar la verdad de las cosas a través de la ejercitación de la razón, la práctica del discurso y la discusión de los conceptos, fue acusado de indagar lo que está en el cielo y en la tierra, de hacer bueno lo malo, y de inducir a que otros hagan lo que él hace; de negar la existencia de los dioses de la ciudad, de introducir nuevos y de corromper a la juventud, en una confabulación tramada por las clases dominantes del momento. Los infames Anito, Melito y Licón (representando a políticos, artesanos y artistas) acusaron injustamente al filósofo quien pronunció un brillante y altivo discurso en su defensa, pero al mostrarse orgulloso e irónico ante sus juzgadores, renuente a las tácticas jurídicas de su defensor, coherente con sus principios, fue condenado a muerte teniendo que beber la cicuta, un veneno mortal extraído de una planta.

Muerte de Sócrates

Murió en el año 399 AE (a los 70 ó 71 años) tras beberse la cicuta, luego de pronunciar un discurso sobre la inmortalidad del alma, recogido en el diálogo Fedón. Posiblemente, el veneno le fue insensibilizando la parte izquierda de su cuerpo hasta provocarle un paro en el corazón. La ejecución de la pena fue pública ya que amigos, discípulos y familiares estuvieron presentes. Rehusó a huir según le aconsejaron sus amistades (principalmente su discípulo y amigo Critón) al esperar la ejecución de su pena capital. Murió leal a su vocación filosófica encarnando aquella frase atribuida a él mismo que dice:

“Es preferible sufrir una injusticia que cometer una.”

Se dice que sus últimos palabras fueron mátenle un gallo a Esculapio”, quizás como un clamor de volver a la vida debido a su injusta muerte (Esculapio era uno de los dioses de la medicina y fue castigado por Zeus al revivir a los muertos y dejar sin moradores los dominios de Hades). Tiempo después los acusadores y conspiradores fueron acosados y perseguidos. Con el pasar del tiempo, el pueblo ateniense fue tomando conciencia del crimen que habían perpetrado contra el hombre de sabiduría.

Discípulos y Escuelas

Entre sus muchos discípulos y oyentes destacaron: Fedón, Critón, Platón, Alcibíades, Esquines, Jenofonte, Antístenes, Aristipo y Euclides. De todo este cenáculo de filósofos se derivaron escuelas y tendencias que rindieron hermosos frutos para el conocimiento universal saecula saeculorum: la Academia, el Liceo, los Cirenaicos, los Cínicos, los Megarenses, los Dialécticos, los Estoicos, entre otros.  Jenofonte escribió sobre su maestro El Banquete y Apología de Sócrates; Platón parece ser fue el que escribió muchos más: El Banquete, Apología de Sócrates, Fedón, Critón, Alcibíades, Fedro, El Parménides, entre otros. Los textos que pudieron haber escrito otros discípulos como Aristipo se han perdido.

Palabras finales 

Como vimos, Sócrates fue un personaje cuya modo de vida estuvo al margen del paradigma moderno de rendir culto idolátrico al dios griego Plautos (dios del dinero o la riqueza). Famosa es la anécdota que viendo todo cuanto se vendía en el mercado de su localidad dijo ¡cuánto hay que no necesito!”. Sòcrates, al igual que el Kristos  y el Budda, fue un personaje admirable por su sabiduría, frugalidad y sencillez a la manera antigua, con una marcada y hasta rebelde despreocupación hacia lo material, Siempre viene a bien escribir sobre su figura sin intenciones premeditadas de divinizarlo o santificarlo. Los apasionados de la filosofìa occidental no debemos olvidar a quienes han edificado en provecho de la sabiduría, la educación y la cultura. Los griegos de nuestros días pueden sentirse orgullosos de ser descendientes de varón tan ilustre, ciertamente, usando palabras de Platòn, ¡el más sabio y virtuoso de cuantos han existido!

* Los datos biográficos, personajes de la época y anécdotas del artículo fueron tomados de los Diálogos de Platón y Vida de Filósofos Ilustres de Diógenes Laercio

** AE: antes de nuestra era


Lic. Marco Aurelio Peña Morales

Miembro del Àrea de Humanidades & Ciencias Sociales Polimates

marcoaurelio@polimates.org

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Show Buttons
Hide Buttons