Sociopolítica

¿Hacia dónde va EE.UU?

By 4 enero, 2017 enero 28th, 2017 No Comments

El próximo 20 de enero de 2017 el magnate del sector inmobiliario Donald Trump asumirá el cargo para el que fue elegido y se convertirá  en el tetragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América (EE.UU). Su arrolladora victoria en las elecciones generales del 8 de noviembre de 2016 fue una verdadera sorpresa y el futuro por el momento es un horizonte de incertidumbre por sus declaraciones polémicas sobre diversos temas de interés mundial. Mr. Trump ha demostrado ser una máquina para hacer dinero pero su inteligencia y conciencia política (con un triunfo electoral contra pronóstico a su favor) están por verse cuando ejerza sus funciones como titular de la primera magistratura del país más poderoso del planeta.

¿Cómo fue posible que un hombre de negocios sin ninguna experiencia política de peso en su hoja de vida le haya ganado la carrera presidencial a las casas familiares más notables del acontecer político estadounidense? ¿Su victoria fue acaso programada por las élites del poder estadounidense para instalar una plutocracia que salvaguarde sus intereses como lo hicieron en su tiempo A. Carnegie, J. D. Rockefeller y J. P. Morgan? ¿O simplemente se trata de un hombre audaz en grado superlativo que pretende liderar una revolución neoconservadora contra el establishment político? De lo que tenemos certeza es que la democracia estadounidense votó y ratificó como presidente de la Unión a un empresario que amasa una fortuna que el año pasado rondaba según Forbes los 4,000 millones de dólares.

Mr. Trump, de madre oriunda de Escocia y abuelos paternos que inmigraron de Alemania, exalta el viejo espíritu yankee y tiene sus ojos puestos en la ola de inmigrantes que buscan mejorar su calidad de vida en la llamada tierra de las oportunidades”. Su discurso fustiga a los inmigrantes ilegales, ociosos y criminales, pero no disipa las sospechas de un posible desdén personal hacia las comunidades extranjeras (mexicanos, afroamericanos, etc.), por lo que ha sido blanco de señalamientos por xenofobia. Las comunidades latinoamericana, asiática, negra y árabe, son una realidad en la composición actual de la población estadounidense, como lo han sido los italianos, los irlandeses y los judíos. De hecho, EE.UU es un país de inmigrantes y una sociedad multirracial. Alguien como Mr. Trump, nacido en Queens, Nueva York, debería tener muy presente el cosmopolitismo de su vasta nación.

Mr. Trump, uno de los capitanes de las industrias inmobiliaria, hotelera y de casinos, ha proferido discursos contra el libre comercio, la deslocalización de las industrias y, en general, la globalización. Evidentemente, el multimillonario no representa al movimiento anti-globalización que se manifestó en Seattle contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) en los años noventa; sus posiciones ultraconservadoras más bien son reparos nostálgicos al funcionamiento del capitalismo global contemporáneo, el cual se desarrolla en una etapa cada vez más expansiva del capital financiero. El presidente electo parece añorar los años de apogeo del Big Stick, la doctrina Monroe y la diplomacia del dólartiempos en los que EE.UU consolidó su hegemonía mundial por delante de Gran Bretaña y otras potencias imperialistas.

¿Implica el discurso anti-globalización de Mr. Trump acciones que desacelerarían la dinámica del comercio internacional? De ningún modo, máxime cuando se trata de alguien que en tono obcecado ha negado sin base científica los efectos del calentamiento global y el cambio climático antropogénico. Entonces, ¿a qué se refiere en su crítica? El libre comercio fue la bandera del gobierno de Reagan y los Bush. El libre movimiento internacional de capitales es lo que ha alimentado al capitalismo contemporáneo, sistema en el cual el magnate ha podido acrecentar exponencialmente su patrimonio personal. Quizás Mr. Trump observa en el libre comercio demasiada solidaridad y benevolencia de los EE.UU con  el resto del mundo ¡Qué contradictorio! El show man elegido como presidente no deja de causar revuelo por sus anuncios polémicos de reducir los impuestos a las corporaciones, revisar los tratados de libre comercio suscritos por EE.UU, favorecer la industria doméstica, evaluar las aportaciones de EE.UU a las organizaciones internacionales de las que es parte, y otras tantas medidas, las cuales, en su conjunto, pueden ser tildadas tanto de pragmáticas como de reaccionarias. 

A juzgar por lo anterior, ¿qué pasará con el Estado del Bienestar en EE.UU? Su desmantelamiento es probable. ¿Elegirá Mr. Trump un consejo de asesores económicos con el cual pueda planear y poner en marcha un modelo de crecimiento y desarrollo económico que convenga no solo a las gigantescas corporaciones sino al ciudadano promedio? Las expectativas económicas de los ciudadanos norteamericanos son muchas desde que se frenara la Gran Recesión de 2008-2009. Mr. Trump podría adoptar políticas exitosas auxiliándose de su experiencia en el mundo de los negocios, o bien, podría adoptar como un negocio exitoso el mundo de la política. Todo depende si del interés privado que caracteriza el instinto de un ambicioso empresario brota el interés colectivo que requiere la conciencia de un buen político. La Ford Motor Company recién canceló su proyecto de fijar una planta automotriz en San Luis, Potosí, México, y anunció que la ubicarían en EE.UU. Con seguridad esto es efecto de las exenciones fiscales prometidas a las compañías norteamericanas que decidan repatriar sus inversiones y del anuncio de imponer aranceles a aquellas que exporten a los EE:UU sus bienes manufacturados producidos en el exterior.  

A nivel interno, ¿cómo sobrellevará sus relaciones con el Complejo Militar Industrial, Wall Street y las multinacionales? A nivel externo, ¿qué decisiones tomará con respecto a la situación en Medio Oriente? ¿Promoverá una política de paz o continuará con el fomento de la guerra? Por otro lado, ¿cómo serán las relaciones políticas y económicas con el Hemisferio Occidental (América Latina)? Las medidas proteccionistas a productos primarios no convendrían de ningún modo a los países productores de materias primas cuyo principal mercado de exportación es EE.UU. Centroamérica se vería perjudicada directamente. y tendría que buscar nuevos mercados internacionales para sus productos. Asimismo, ¿podrán los países latinoamericanos establecer relaciones de cooperación técnica y económica con la Administración Trump? Por el momento tenemos más preguntas que respuestas y hasta que gobierne en sus primeros 100 días se verá palpablemente a qué intereses representa, sirve y favorece.

Mr. Trump; business man de vocación y profesión; amante del lujo, la ostentación y la presuntuosidad; de alocución confrontativa e inelegante; de gesticulaciones desafiantes y afectadas; de peinado estrafalario y rostro más euroasiático que norteamericano; adepto al cristianismo presbiteriano y de estilo de vida lejano a las enseñanzas del Nazareno; a sus 70 años está a punto de debutar en la política internacional como mandatario de la primera potencia económica mundial con discursos que pueden ser catalogados de osadía o impertinencia. Mas la burguesía ultraconservadora siempre ha chocado con la burguesía liberal ilustrada, de cuyas contradicciones han resultado cambios cualitativos y progresivos por todas partes y en todas las épocas. La clase media estadounidense tendrá que jugar un papel crucial y beligerante en la correlación de fuerzas ante la plutocracia que amenaza instalarse desde la Casa Blanca. El resto del mundo tendrá que hacer lo que les corresponde, fundamentalmente las demás potencias que velan por sus propios intereses, la multipolaridad  y el orden político mundial.


Lic. Marco Aurelio Peña Morales 

Miembro del Área de Humanidades & Ciencias Sociales Polimates 

marcoaurelio@polimates.com

 

Leave a Reply

Centro de Pensamiento Polímates

Una plataforma de investigación multidisciplinaria

Planes de Altamira Ave. Granada; Tip Top 1c. Oeste Managua, Nicaragua 14034

+(505) 8706.5868

info@polimates.org